Su mirada era profunda, penetrante, muy fija en la mía y por unos momentos dudé si apartarla o mantenerla.
El pareció pensar lo mismo, abrió la boca como si fuera a decir algo y en el último momento se arrepintió. Se dió la vuelta con la pieza que había cogido y empezó a remover entre la mesa otras tantas. Supe que el coger aquella pieza había sido una excusa para acercarse a mi porque no volvió a acordarse de ella, la dejó sobre la mesa y allí permaneció olvidada. Le oí hablar pero yo estaba absorta mirando sus brazos, musculosos, fibrosos, duros...
-Perdona, ¿me has oido?
Desperté de mi ensoñación (lo admito, estaba pensando en acariciarle) le pedi disculpas.
-Lo siento, estaba despistada....
Pero el color enrojecido de mi cara se lo decía todo. Aquella sonrisa pícara que apareció en su cara no la olvidaré jamás....
-Te decía que voy a ir al coche a ver qué le pasa, me llevaré unas cuantas herramientas y piezas, por lo que me dices, creo saber qué le ocurre.
-Pero si está lloviendo a mares, mira cómo he llegado yo y solo empezaba a caer....
-Un poco de agua no me hará daño- contestó sonriendo aún- además me puedo llevar mi moto y solo será cuestión de minutos.
No me dió tiempo a responder, ya estaba en el otro cuarto poniendose la chaqueta y cogiendo las llaves de su moto.
No sé por qué le veía como a un tipico customer con cazadora de tachuelas, flecos y una Harley Davidson esperando en la puerta.
Pero una vez más me sorprendió saliendo con una chaqueta repleta de protecciones, vivos colores y una inscripción en la espalda: "Racing" . Antes de salir echó otro vistazo a mis piernas, intentando disimular
que buscaba algo. Y esta vez la que sonreí fuí yo.
-Vuelvo enseguida- me dijo con tono serio al ver mi sonrisa.
-Gracias...
Mi voz sonaba entre temblorosa y a punto de estallar en carcajadas a pesar de no tener ninguna gana de reir por la situación en la que me encontraba.
Lo que suponía: era una moto deportiva, de gran cilindrada por lo que acerté a oir segundos después de que saliera por la puerta.
Escuchaba el motor arrancar y un par de golpes de gas para calentar. Incluso escuché cuando salió a todo gas intuyendo que si no había hecho una levantada de rueda delantera debía haber sido por lo mojado
que estaría el suelo pero creo que era el tipo de motero que salía así de cualquier semáforo, a una rueda..
Durante un par de minutos estuve mirando mi café y pensando en todo aquello. Era como si quisiera convencerme a mi misma de que era normal, que le podía pasar a cualquiera pero cuanto más lo pensaba mas cuenta me daba de que no era así.
Estaba en ropa interior, tapada únicamente por una toalla a media pierna, en el taller de un tipo que bien podría haber salido de uno de los libros de Stephen King, a pesar de tener una melena que incitaba a
acariciarla y ser guapo hasta el pecado.
Un tipo que volvería (eso esperaba con todas mis ganas) en unos minutos como había dicho y yo seguiría a solas con el y medio desnuda.
No, desde luego no era una situación normal y no podía dejar de tenerlo en cuenta.
Terminé el café y me levanté con dolor de piernas, supongo que por el frío, la caminata y los nervios, todo junto, así que decidí andar un poco.
Observé las estanterías repletas de herramientas y piezas que me sonaban pero no tenía ni idea de lo que eran.
Latas de aceite y neumaticos reventados se apilaban en un rincón junto a la puerta del cuarto del que había salido cuando llegué... Y como no, mi curiosidad femenina pudo más que mi sentido común.
Abrí del todo la puerta del "cuarto misterioso" y eché un vistazo rápido porque no quería que me pillara husmeando entre sus cosas pero descubrí que era como un pequeño almacén donde había cajas y cosas
amontonadas, aunque más cuidadosamente y ordenado.
Frente a la puerta había una caja que ponía "Color negro, talla L", así que instintivamente me acerqué a ella pensando que si tenía talla y color desde luego no eran piezas de moto... Saldría de dudas y levanté las tapas de la caja puesto que ya estaba abierta.
Efectivamente no me equivocaba, estaba llena de camisetas nuevas, en color negro y todas eran talla L, grandes para mi pero con el frío que tenía, la toalla envolviendome y ese chico a punto de llegar, había
que estar muy loca para no ponerse una. Así lo hice y ví que en la espalda tenían todas el logo del taller, con el nombre y un dibujo muy gracioso.
Me sentí bastante mejor, sin tener que sujetar la toalla, seca y algo más cálida.
Seguí curioseando por el lugar, una ventana daba a la calle pero estaba tapada con papeles de periódico y no dejaba pasar nada de luz a través de ella, pero sí de otra más pequeña justo en la pared de enfrente a la otra ventana.
Y al darme la vuelta tuve que mirar dos veces para comprobar que era cierto, al ver una moto impresionante apoyada sobre el banco de potencia en espera de ser probada y revisada.
Una moto preciosa, de color negro y granate, colín afilado y el carenado más estilizado que había visto en toda mi vida.
Di unas cuantas vueltas alrededor de ella observando cada detalle, cada reflejo que la escasa luz daba al aluminio del chasis.
Los detalles de fibra de carbono del tubo de escape me llamaban, me incitaban a acariciar esa maravilla y tuve la necesidad de subirme a ella para tener la sensación de sentir más de 150 cv entre mis piernas....
Justine