Por allí hondo, una humedad ardiente; blando, un calor oscuro el que allí hervía; sofocado anhelar el que se hundía, doblándose y muriendo largamente. Labios en labios que no ataca diente lengua en garganta que se corta, umbría; áspero alrededor, fiera porfía por morder lo imposible de la fuente. Fiera porfía, ya que ni a la hembra más hembra ni al varón más varón dieron otra cumbre que ser sembrado y siembra, pues lo demás, ¡Oh cuerpos desvelados! son fulgores que al alba se perdieron en un súbito arder, desesperados.
Rafael Alberti

martes, 7 de septiembre de 2010

EL TEMBLOR



Ilustración: Will Murai
La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz, bajar,
lamer el eje vertical,
contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.

Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.

La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.

José Ángel Valente

martes, 3 de agosto de 2010

En el taller, 5ª parte

Mi mente me decía que aquello no estaba bien, una parte de ella al menos. Porque la otra parte, me decía que metiera mi mano bajo su camiseta y acariciara la espalda que adivinaba tendría que ser firme, grande y suave como lo eran sus manos.


Las sentía sobre mis muslos y levanté la mirada. 

Me miraba directamente a los ojos buscando mi aprobación, para seguir y tardé unos segundos aún en hacer un leve gesto de afirmación con mi cabeza.

De nuevo una sonrisa en su cara me contagío de algo que removió las mariposas que en mi estómago bailaban por aquella situación. Siguió hablando.

- Si el viento es muy fuerte lo mejor es no arriesgarse y meterse bajo la cúpula lo cual es incómodo a la hora de poder tener una visión a larga distancia así que la velocidad será moderada, pero cuando el tiempo es bueno.

Prestaba atención pero me costaba estar atenta bajo sus caricias en mis muslos y mi espalda, sus manos iban y venían por mi piel y yo empezaba a temblar de nuevo.

-... entonces es cuando se puede disfrutar realmente de la moto -seguía diciendo- puedes sentir toda su potencia bajo tu espalda, tus piernas se funden con el chasis y llegas a ser parte de ella, es como si uno solo llegara a recorrer miles de kilómetros en perfecta
armonía, trazando curvas, acelerando en las rectas, sabiendo que nada ni nadie puede pararos...

Su voz me sonaba tan firme, tan fuerte y a la vez susurrante que solo pude cerrar los ojos y dejarme llevar, sentir esas caricias como si escribiera en mi piel todas las instrucciones para llegar al cielo junto a el, en moto o sobre su misma piel, pero mis manos ya no podían
permanecer quietas, quería tocarle.


Me incorporé un poco dejando mi espalda lo más recta posible, facilitandole así un hueco sobre el asiento de la moto, bajé mi mirada y luego le miré a el que entendió a la perfección lo que quise decirle.


Con un movimiento ágil de sus piernas se sentó tras de mí, y en mi espalda sentí su pecho cálido, fuerte, terso... Colocó sus pies sobre las estriberas traseras y mis manos se fueron directas a sus muslos, que por la postura estaban tensos. A pesar del poco tiempo transcurrido entre la primera caricia y hasta que se sentó detrás mío, noté algo sorprendida que su sexo estaba excitado, notaba su dureza bajo mi espalda, o al menos eso suponía, dudaba mucho que se metiera las herramientas en el bolsillo del mono de trabajo y no las sacara para subirse a cualquier moto.

Sus manos llegaron a mi cintura, rodeandola con unos brazos fuertes y subiendo hasta mi pecho por encima de la camiseta que parecía no haberle molestado lo más mínimo me pusiera sin su permiso.

Pensé en ese momento que quizá le había excitado sobremanera verme sobre una moto en su taller, con la camiseta del mismo y mis piernas desnudas con zapatos de tacón. Me vinieron a la mente esos calendarios que hay en todo taller donde la chica medio desnuda posa sobre cualquier tipo de vehículo y tanto parece gustar a los mecánicos. 


Mis pezones terminaron de endurecerse bajo sus dedos y se me escapó un gemido suave, casi un susurro que le excitó aun más. Hundió su boca en mi cuello, besandolo, lamiendolo, bajando hasta mis hombros y mordiendolos con tal delicadeza que toda mi piel sintió el cosquilleo que casi me hizo desequilibrarme por completo y tuve que volver a agarrarme al manillar.


En esa postura, con mi cuerpo hacia adelante y dejando mi espalda a su merced le había facilitado el poder bajar sus labios hasta ella y recorrerla con su lengua de arriba a abajo, levantando la camiseta hasta dejarla descubierta y con ello, que mi pecho se liberara
también.

Cuando las caricias en mi espalda me hicieron estar al borde de gemir intensamente de placer me incorporé y sus manos fueron rápidas para llegar hasta mis pechos, duros, excitados y totalmente liberados para el, para sus dedos, para cada caricia que me hacía estremecer.....


Justine

martes, 27 de julio de 2010

En el taller, 4ª parte

Era imposible que llegara tan pronto, no le habría dado tiempo a ir, arreglar el coche y volver. Asi que no me resistí a la tentación que me llamaba a gritos.

Subí al banco de potencia, acaricié el manillar de aquella moto, el asiento, el carenado...

Y casi sin pensarlo estaba sobre ella, con mis piernas alrededor del chasis. Subí mi pié izquierdo al mando de las marchas, demasiado incómodo con los zapatos pero me servía de sobra para hacerme una idea de la postura para conducir tal maravilla.


Empezé a pensar en ir con esa moto por una carretera perdida entre árboles en los dos arcenes, bajo la visera del casco vería pasar los pueblos y dejar atrás campos y prados verdes, cambiando marchas, acelerando, frenando....


Imaginaba llegar a una ciudad y prepararme para una carrera callejera sin normas, sin leyes, sin más público que la noche y la velocidad entre una moto y otra....

Estaba tan absorta en mis pensamientos que no oí la puerta cuando entró con bastante sigilo al taller. Supongo que quizá quería saber si estaba cotilleando entre los cajones o estanterías porque no oí el más mínimo ruido excepto cuando le escuché carraspear, incluso fingir una leve tos.


Me giré bruscamente sobresaltada y le ví parado, apoyado en la puerta del cuarto, y quise saber cuanto tiempo llevaba allí observando pero no me atrevía a preguntarle, había enmudecido de golpe.


Pasaron unos interminables segundos hasta que pude reaccionar, iba a levantarme y solté el manillar pero algo me paralizó de nuevo...


-No te muevas- me dijo con voz seria, fuerte pero un encanto que no podía sospechar fuera posible en alguien tan.... grande como el. He de admitir que un hombre alto, muy alto, de complexión fuerte me atrae de forma especial.


Mi cuerpo se paró en seco, y volví a la postura que tenía cuando me sorprendió, sentada sobre el asiento de cuero de la moto, con mi pié izquierdo sobre la marcha y la mano derecha sujetando el manillar pero sin perderle de vista en ningún momento. Mi mirada seguía clavada en la suya mientras volvía a sentarme y eso pareció gustarle porque pude ver una pequeña sonrisa que me desconcertó. Por unos momentos no supe qué pensar, no sabía si iba a estallar enrabietado por haber entrado en aquel cuarto sin permiso o simplemente lo tomaría como una chiquillada de una mujer curiosona...

Dejó un trapo sucio que tenía en las manos en el suelo, se quitó la chaqueta y la colgó en un perchero junto con otras chaquetas y monos de trabajo. Fué en silencio hacia una pila que había al fondo del cuarto y empezó a lavarse las manos y los brazos.

Fué entonces cuando empezó a hablar de nuevo...

-Lo que le pasaba al coche es que se había bloqueado la central de control de la inyección electrónica, le he hecho un par de retoques y lo tienes listo cuando quieras.

Iba a responderle pero se giró buscando una toalla y decidí quedarme callada. No sé por qué me daba la impresión de que el prefería que me callara.....


Se secó las manos mientras se acercaba lentamente hacia el banco de potencia colocandose justo al lado de mi pié izquierdo, sobre la palanca de marchas. Se quedó mirando unos segundos y alargó su mano hacia mi tobillo.

Estaban frías, por el agua o por el frío de la calle, la lluvia, y me sobresalté un poco cuando la sentí sobre mi piel.

-El pié debe estar en esta posición, con estos zapatos lógicamente es imposible manejar esta palanca pero para que te hagas una idea, la postura correcta es esta.

Movía mi tobillo con una suavidad extrema, empezaba a ponerme nerviosa... Subió al banco de potencia y sentirle tan cerca me sobresaltó aún más. Pero no quería que se bajara tampoco.

-Cuando coges el manillar tu vista siempre debe ir por delante de ti, bajo la cúpula o fuera de ella, debes mirar muchos kilómetros por delante para poder sortear cualquier imprevisto peligroso que te pueda venir.

Ahora su mano se movía por mis brazos y mi espalda..

-La espalda, aunque agachada para cortar el aire y meterte bajo la cúpula debe estar lo más recta posible, casi paralela al depósito para que los riñones no acaben por pasarte factura si es una ruta larga....

Toda esa explicación sobraba porque estaba bien claro que yo no iba a conducir ese tipo de motos aunque me moría por hacerlo,pero la excusa para tocarme estaba muy bien pensada y no quería que dejara de explicarme cosas....

Justine 

Gracias por ser pacientes, en breve publicaré la continuación de este relato. Aprovecho para desearos a todos un feliz verano.

viernes, 14 de mayo de 2010

En el taller, 3ª parte

Su mirada era profunda, penetrante, muy fija en la mía y por unos momentos dudé si apartarla o mantenerla.

 El pareció pensar lo mismo, abrió la boca como si fuera a decir algo y en el último momento se arrepintió. Se dió la vuelta con la pieza que había cogido y empezó a remover entre la mesa otras tantas. Supe que el coger aquella pieza había sido una excusa para acercarse a mi porque no volvió a acordarse de ella, la dejó sobre la mesa y allí permaneció olvidada. Le oí hablar pero yo estaba absorta mirando sus brazos, musculosos, fibrosos, duros...

-Perdona, ¿me has oido?

Desperté de mi ensoñación (lo admito, estaba pensando en acariciarle) le pedi disculpas.

-Lo siento, estaba despistada....

Pero el color enrojecido de mi cara se lo decía todo. Aquella sonrisa pícara que apareció en su cara no la olvidaré jamás....

-Te decía que voy a ir al coche a ver qué le pasa, me llevaré unas cuantas herramientas y piezas, por lo que me dices, creo saber qué le ocurre.

-Pero si está lloviendo a mares, mira cómo he llegado yo y solo empezaba a caer....

-Un poco de agua no me hará daño- contestó sonriendo aún- además me puedo llevar mi moto y solo será cuestión de minutos.

No me dió tiempo a responder, ya estaba en el otro cuarto poniendose la chaqueta y cogiendo las llaves de su moto.

No sé por qué le veía como a un tipico customer con cazadora de tachuelas, flecos y una Harley Davidson esperando en la puerta.

Pero una vez más me sorprendió saliendo con una chaqueta repleta de protecciones, vivos colores y una inscripción en la espalda: "Racing" . Antes de salir echó otro vistazo a mis piernas, intentando disimular
que buscaba algo. Y esta vez la que sonreí fuí yo.

-Vuelvo enseguida- me dijo con tono serio al ver mi sonrisa.

-Gracias...

Mi voz sonaba entre temblorosa y a punto de estallar en carcajadas a pesar de no tener ninguna gana de reir por la situación en la que me encontraba.

Lo que suponía: era una moto deportiva, de gran cilindrada por lo que acerté a oir segundos después de que saliera por la puerta.

Escuchaba el motor arrancar y un par de golpes de gas para calentar. Incluso escuché cuando salió a todo gas intuyendo que si no había hecho una levantada de rueda delantera debía haber sido por lo mojado
que estaría el suelo pero creo que era el tipo de motero que salía así de cualquier semáforo, a una rueda..

Durante un par de minutos estuve mirando mi café y pensando en todo aquello. Era como si quisiera convencerme a mi misma de que era normal, que le podía pasar a cualquiera pero cuanto más lo pensaba mas cuenta me daba de que no era así.

Estaba en ropa interior, tapada únicamente por una toalla a media pierna, en el taller de un tipo que bien podría haber salido de uno de los libros de Stephen King, a pesar de tener una melena que incitaba a
acariciarla y ser guapo hasta el pecado.

Un tipo que volvería (eso esperaba con todas mis ganas) en unos minutos como había dicho y yo seguiría a solas con el y medio desnuda.

No, desde luego no era una situación normal y no podía dejar de tenerlo en cuenta.

Terminé el café y me levanté con dolor de piernas, supongo que por el frío, la caminata y los nervios, todo junto, así que decidí andar un poco.

Observé las estanterías repletas de herramientas y piezas que me sonaban pero no tenía ni idea de lo que eran.

Latas de aceite y neumaticos reventados se apilaban en un rincón junto a la puerta del cuarto del que había salido cuando llegué... Y como no, mi curiosidad femenina pudo más que mi sentido común.

Abrí del todo la puerta del "cuarto misterioso" y eché un vistazo rápido porque no quería que me pillara husmeando entre sus cosas pero descubrí que era como un pequeño almacén donde había cajas y cosas
amontonadas, aunque más cuidadosamente y ordenado.

Frente a la puerta había una caja que ponía "Color negro, talla L", así que instintivamente me acerqué a ella pensando que si tenía talla y color desde luego no eran piezas de moto... Saldría de dudas y levanté las tapas de la caja puesto que ya estaba abierta.

Efectivamente no me equivocaba, estaba llena de camisetas nuevas, en color negro y todas eran talla L, grandes para mi pero con el frío que tenía, la toalla envolviendome y ese chico a punto de llegar, había
que estar muy loca para no ponerse una. Así lo hice y ví que en la espalda tenían todas el logo del taller, con el nombre y un dibujo muy gracioso.

Me sentí bastante mejor, sin tener que sujetar la toalla, seca y algo más cálida.
Seguí curioseando por el lugar, una ventana daba a la calle pero estaba tapada con papeles de periódico y no dejaba pasar nada de luz a través de ella, pero sí de otra más pequeña justo en la pared de enfrente a la otra ventana.

Y al darme la vuelta tuve que mirar dos veces para comprobar que era cierto, al ver una moto impresionante apoyada sobre el banco de potencia en espera de ser probada y revisada.

Una moto preciosa, de color negro y granate, colín afilado y el carenado más estilizado que había visto en toda mi vida.

Di unas cuantas vueltas alrededor de ella observando cada detalle, cada reflejo que la escasa luz daba al aluminio del chasis.

Los detalles de fibra de carbono del tubo de escape me llamaban, me incitaban a acariciar esa maravilla y tuve la necesidad de subirme a ella para tener la sensación de sentir más de 150 cv entre mis piernas....


Justine

jueves, 13 de mayo de 2010

En el taller , 2ª Parte



Ilustración: Milo Manara

Como un resorte crucé los brazos sobre mi pecho y le dije si podía ir un momento al baño a secarme, que empezaba a tener mucho frío.

-"No te muevas de ahí"- me dijo con voz firme y segura.

No sabía si tener de nuevo miedo o sencillamente era que el taller estaba tan desordenado que el chico tenía miedo de que tocara algo que no debía.

Se metió en el cuarto del que había salido y le oí rebuscar en un armario o estantería. Salió con una toalla sorprendentemente limpia y grande y me la ofreció dejandome sin palabras por tal detalle que no esperaba.

-"Allí está el baño, tomate el tiempo que necesites, estaba preparando un café caliente, ¿quieres uno?"

-"Si..ss..si.. estaría bien, gracias"-

Conseguí decir mientras me metía en el cuarto de baño asombrada ante tal amabilidad y delicadeza al hablar. Supongo que tenía una imagen de los mecánicos como el algo errónea.

Lo cierto es que era un chico grande, alto, fuerte y con apariencia tosca y brutal. Pero a la vez, las facciones de su cara, su mirada, el pelo limpio y tan largo... le hacían un chico guapo y llamaba la
atención todo el conjunto que le rodeaba.

El mono de trabajo caído hasta la cintura y una camiseta negra, con mangas cortas y remangadas hasta los hombros le daban un toque incluso de tipo duro que no sabría definir... la palabra era morboso, ese chico, una vez pasado el susto inicial de la barra de acero, me inspiraba ese morbo que sabía a ciencia cierta no podía ser. No era mi tipo de chico... Además, necesitaba el coche rápidamente y yo solo quería que me ayudara costara lo que costara.

En el baño me quité la blusa mojada, la colgué de la puerta y me sequé con la toalla lo mejor que pude, sequé mi pelo revuelto y comprobando que la puerta estuviera bien cerrada me quité los pantalones e hice lo mismo, los colgué de la puerta y sequé mis piernas que empezaban a
quedarse entumecidas por el frío y la humedad.

Lo cierto es que me sentó realmente bien y sentí cierto alivio por poder estar seca y agradecida de que la toalla fuera tan grande que pudiera cubrirme entera con ella aunque fuera a mitad de las piernas, pero lo justo para no dejar ver nada. Solo que dudaba si salir o no así del baño, la idea de vermelas con un desconocido, medio desnuda, envuelta en una toalla no era precisamente mi idea de como acabar el día de hoy que ya se había estropeado bastante.


Pero qué podía hacer, mi ropa estaba chorreando agua sobre el suelo del baño y era casi imposible que pudiera volver a meterme los pantalones tal como estaban.

Opté por arriesgarme y permanecer cerca de la puerta por si acaso.


Salí del baño avergonzada porque sabía que mi aspecto no era precisamente serio. El pelo revuelto y recogido con una pinza para no revolverlo aún más, una toalla tapandome hasta mitad de las piernas y agarrada a ella como si me fuera la vida en ello, los zapatos de tacón mojados, arriesgadome a resbalarme en cualquier momento.


Al salir el mecánico se giró para ofrecerme la taza con el café caliente y se quedó parado durante unos momentos. Creía que estaba dudando entre soltar la carcajada o decirme que ni me acercara a el por mi aspecto de loca desequilibrada y esquizofrénica.

Pero para mi asombro, su mirada era la de alguien que desea algo con todas sus fuerzas y vi como en un gesto muy gracioso, tragaba saliva y cerraba la boca apartando su mirada de la mía que no sabía ya donde ir a parar.

Cogí la taza agradeciendole de nuevo el detalle de la toalla y me aparté hacia un rincón del taller para no molestarle demasiado, enseguida se puso a hacer cosas dandome la espalda y supuse que
tendría trabajo que hacer.

A mi lado, una moto de gran cilindrada descansaba medio destripada, con las piezas alrededor de ella pero aún así era preciosa.

En color azul y blanco tenía el aspecto de haber sido una moto muy rápida y no estaba en mal estado así que imaginé que solo necesitaba unos retoques, no parecía una avería por caída, afortunadamente para el dueño.

Le pregunté qué le pasaba a la moto y me dijo que solo la estaba poniendo a punto para un viaje que iba a hacer uno de sus amigos. Se acercó a dejar un par de piezas sobre el asiento de la moto y al verme tan cerca se paró junto a mi, observando como la toalla tapaba mis piernas y mi pecho, fijándose especialmente en mis zapatos y mis piernas cruzadas aún algo temblorosas por el frío.

¿Por el frío? Ya no estaba tan segura.



Justine

miércoles, 28 de abril de 2010

En el taller , 1ª parte.


¿Alguien conoce a un tal Murphy? Dijo en alguna ocasión que todo lo malo te va a pasar cuando menos necesitas que te pase, o algo así, ¿no?

Pues puedo corroborarlo, cuando algo malo pasa, no viene solo, aunque quizá no sea todo malo en el fondo.


Tan solo hacía dos semanas que había empezado a trabajar en esa empresa que desde luego no iba a ser donde me jubilara pero hasta que encontrara algo más estable me iba a sacar del apuro de tener que pedirles dinero a mis padres para subsistir de nuevo otro mes.

En todo ello pensaba mientras en medio de aquel atasco ví como empezaban a caer algunas gotas de lluvia y como quien piensa eso de "Te lo dije...", sonreí por mi estupidez de haber pensado que todo ese cielo nublado no tenía intención ninguna de descargar justo esa tarde.

Bueno, al menos estaba dentro del coche y esperaba poder aparcar cerca de la casa que tenía que enseñar y vender en menos de quince minutos.

Y eran justos los que me quedaban para llegar puntual a la cita, cosa poco problable en vista de la cantidad de coches parados que tenía por delante de mi.

En fin, paciencia, me dije a mi misma..... Pensamiento que solo duró dos segundos porque el motor de mi coche se paró en seco y se negaba rotundamente a ponerse en marcha de nuevo.

Bajé del coche, seguía chispeando y cada vez caía con algo más de ganas, abrí el capó pero no conseguía averiguar donde estaba la avería.

Los coches que me seguían empezaron a pitar y aún hoy no me explico por qué, nadie andaba, el atasco era fuerte y aunque mi coche hubiera estado bien no podría haberme movido si los de delante tampoco lo hacían.

Somos como animales, pensé.

Un par de chicos bajaron de otro coche y me ayudaron a poner el mio en un lado, empujando ellos, manejando el volante yo. Les dí las gracias y me dijeron que a unos quinientos metros había un taller y que posiblemente el mecánico podría ir a echar un vistazo si no tenía mucho trabajo.

Pero empezaba a caer la lluvia con más fuerza así que debía darme prisa.

Llegué a la puerta del taller más mojada de lo que pensaba porque durante el camino, y aunque caminaba todo lo rápido que me dejaban los tacones de ocho centímetros las nubes decidieron descargar toda el agua que llevaban justo sobre la zona en la que yo andaba.

El taller parecía cerrado, la puerta no se abría y había un cartel colgado, escrito a mano que decía "Vuelvo en diez minutos, disculpe las molestias"

Pero yo no tenía diez minutos.

Ví una luz encendida dentro, así que me puse a llamar a la puerta con insistencia. Incluso creí oir ruidos dentro con lo cual mis golpes a la puerta se hicieron más fuertes y constantes.

A través de una ventana pegada a la puerta pude ver por fin que alguien salía de un cuarto interior y miraba a la puerta con curiosidad. O al menos eso quise pensar yo porque su cara era más bien de mala leche ante tanto golpeteo inexplicable.

Se acercó a la ventana y entre el reflejo y la lluvia no pude ver bien quien estaba detrás pero oí que me preguntaba si quería alguna cosa.

"Entrar a comer una pizza, no te fastidia...." pensé notando que mi paciencia empezaba a agotarse por el agua que caía sobre mi y el frío que empezaba a darme la ropa mojada.
Le hice señas de que me abriera la puerta y me dejara explicarle lo que pasaba y con gesto de cansando fué hasta ella. Oí la cerradura como cedía y al fin se abrió.

Entré a trompicones y moviendo las manos como si estuviera bailando una sardana, hablando tan deprisa sobre mi coche y la lluvia y el motor que no me dí cuenta de que el chico que me abrió la puerta me miraba como si estuviera loca y llevaba en la mano una barra de acero
que cogía con fuerza y firmeza.

Cuando la ví me paré en seco y empezé a andar hacia atrás en un acto reflejo entre miedo y pánico y pensaba si había sido realmente una buena idea golpear con tanta fuerza la puerta.
El chico se dió cuenta de mi reacción y soltó la barra sobre una mesa diciendome que no tuviera miedo, que era una simple medida de defensa contra quienes se pasan de listos en días como ese.
Aún así estaba tensa y mi cuerpo temblaba no sé si por el frío o por el miedo momentáneo.

Más calmada le expliqué lo que me había pasado y le pregunté si podríamos ir a echar un ojo a mi coche, a ver si podía hacer el algo.

Me miraba de arriba a abajo, era como si estuviera pensando en algo que no llegaba a adivinar en su mirada. Una mirada preciosa por cierto, profunda, expresiva y silenciosa a la vez. Observé bien a ese chico mientras el pensaba en lo que acababa de contarle y se movía por el taller. Se giró y ví que el pelo le llegaba casi a la cintura, recogido en una coleta con mucha gracia y cayendole sobre una espalda tan ancha como fuerte y suave....

¡¿Pero qué estaba pensando?!


Mi coche estaba averiado, yo estaba empapada y tenía frío, llegaba tarde a una cita de trabajo y ... y ahora que lo pensaba, estaba mojada de arriba a abajo y eso era lo que ese chico estaba mirando tan atentamente.

La ropa se me pegaba al cuerpo y la blusa seguramente se me transparentaba más de lo que debía.

Justine

jueves, 15 de abril de 2010

Primer encuentro.




Ilustración: Placer Terminal; Carlos Rivolta.



Se siente nerviosa. Su rápida aceptación a la propuesta de él de ir a un hotel a pasar la tarde la ha pillado tan de sorpresa como a él. No sabe ni siquiera porque lo ha dicho. Será la primera vez que esté en uno sin tener que pasar la noche por motivos de trabajo o turismo.


Aunque se conocieron hace más o menos medio año, cuando su jefe decidió trasladar la oficina al edificio donde el  trabaja, su relación comenzó una noche hace apenas dos meses. Pero nunca han tenido la oportunidad de estar completamente a solas. Las circunstancias personales de cada uno se lo han impedido y
sinceramente está cansada de cafés por la mañana en el bar antes de entrar a trabajar o al mediodía, robándole un rato a la comida. Y le desea. Tanto que su boca ha respondido casi sin que su mente se diera cuenta. “En fin, ya esta dicho”, piensa con nerviosismo, mientras él llama para hacer la reserva.

Siente vergüenza cuando pasan por recepción a recoger la llave.

Le recuerda a las películas de televisión, esas películas antiguas en que dos amantes subían a la habitación tras la sonrisilla irónica del recepcionista. “Menuda estupidez, me estoy poniendo paranoica”.

Suben a la habitación sin que haya disminuido aún su nerviosismo.

El abre la puerta después de buscar el número y se encuentra con un pequeño y agradable apartamento. No ha parado de hablar en ningún momento, una charla intrascendente que tiene el efecto de tranquilizarla poco a poco. Saca del diminuto refrigerador una botella de champán. “Dios, que previsión”, piensa, mientras intenta centrarse en la conversación de su amante.

- Ven, siéntate a mi lado –le dice él, por fin, mientras hace lo propio dando palmaditas sobre la colcha de la cama y ofreciéndola una copa.

Se miran y sonríen y lentamente la inquietud de ella va desapareciendo consiguiendo que se sienta más cómoda y serena.

Se acerca y se sienta junto a él.

Por fin están solos, lejos de miradas indiscretas que la hacen sentirse tan incómoda. Brindan por ellos dos, por el comienzo, por los problemas que están seguros de resolver, por el futuro y por un montón de cosas. Y beben y se ríen. Y se besan, primero despacio, después impacientes.El  gime y entrelaza ambas manos en sus cabellos, besándola con una ferocidad increíble.

Las manos de él comienzan a explorar su cuerpo con mucha delicadeza por encima de su ropa. Le recorre el cuello y los hombros con las yemas de los dedos, como dibujando sus contornos. La rodea su cintura presionándola contra él y ella  puede notar el calor de su cuerpo, tan ardiente como el de ella. Comienza a bajar su vestido y susurra de placer cuando deja sus senos expuestos. Empieza a acariciarlos y sus pezones se endurecen al primer contacto, se estremece cuando su boca se acerca para besarlos, mientras su lengua juega con ellos.

Vuelven a besarse con pasión mientras le quita la camisa, mientras le desabrocha el pantalón y le acaricia. Siente como el deseo de él crece entre sus manos, entre sus dedos. El se quita toda la ropa y la ayuda a recostarse sobre la cama. Recorre su cuerpo con la mirada muy lentamente como tratando de memorizar cada detalle, mientras su respiración se oye agitada entre sus labios.

La habitación desaparece, nada existe para ella, solo ellos dos. Por fin, no hay limitaciones a su deseo, todo se reduce a sus abrazos, a sus besos, a sus palabras y susurros. El aire se llena de suspiros. Su mano alcanza su sexo cubierto por la ropa interior y así comienza a acariciarla, mientras la besa los labios, el cuello, el pecho.

Con una urgencia cada vez mayor, el  desciende por el abdomen hasta hundir la lengua en su ombligo y no se detiene en el descenso sino hasta que se sitúa entre sus piernas. Aparta su ropa interior y contempla su sexo depilado que queda a la altura de sus ojos.

Sus dedos exploran su interior completamente humedecido, levemente al principio, más rápido cada vez. Ella separa las piernas inconscientemente y el  desliza la lengua dentro de ella una vez y otra presionando en su interior, explorando cada pliegue, cada hendidura, alternando sus dedos y su lengua, rozándola con los dientes.

Ella aprieta las sábanas y jadea su nombre, hasta que siente que no puede más e incorporándose coge su sexo entre sus manos, completamente erguido. Mientras comienza a acariciarle con sus labios y traza círculos con su lengua, alza su cara para mirarle, para disfrutar con su placer y sentirlo suyo.

El la detiene, la hace parar.

“Te deseo,”

Se incorpora y la besa otra vez, con mucha ternura, deteniéndose en la comisura de sus labios. Con lentitud deliberada, se coloca sobre ella y de una sola vez la penetra con fuerza. Sus ojos y sus bocas se encuentran de nuevo. Lentamente sale de su interior pero no por completo. Y la penetra nuevamente, incrementando la velocidad.

Otra vez.

Ella lo toma  de sus caderas y se mueven juntos hasta que se ve envuelta en un torrente de sensaciones como jamás había experimentado.

Gradualmente, sus cuerpos se relajan.

Ella; le estrecha entre sus brazos con fuerza, disfrutando de su peso sobre ella. Le acaricia el cabello húmedo, la espalda firme y se siente contenta, feliz. Se habían entregado totalmente el uno al otro y había sido recompensada con una compenetración tan profunda como no pensaba que podía existir.

Finalmente, el se incorpora sobre su codo y la mira. Sus manos siguen acariciando despacio, suavemente, sin urgencia.

Después coge las copas de ambos, le entrega la suya y le propone un brindis:

“Por nosotros y nuestro futuro, lleno de problemas y de obstáculos por superar. Por ti, por ser la persona que llevo media vida buscando. Porque siempre pueda recordar tus ojos como me miran ahora. Y porque te quiero.”



Justine
Related Posts with Thumbnails